6.28.2010


Si tuviera que hablar de mi no usaría palabras. Tal vez se me ocurriría la osadía de usar símbolos, gestos e incluso algún que otro ruido gutural, extraño, agudo y gracioso. Pero jamás palabras. Las palabras son el pequeño tesoro que nos queda, el bello frasco de perfume que amenaza con caer al vacío y romperse en mil pedazos para siempre desde la repisa del baño. Eso son y mucho más que eso también. Así que no sabría que hacer, no tendría ni idea, ante el miedo de usar palabras para hablar sobre mi.

Usaría palabras para describirme, eso seguro. Pero no para hablar sobre quien soy; no es lo mismo.
No tiene nada que ver.

6.27.2010


Vale, comienza el juego. Ahora, desde ahora mismo, todos son desconocidos para mi, no los he visto nunca, jamás me he cruzado a esta panda de inadaptados. Sí, nunca antes. Son desconocidos para mi y llaman mi atención. Veamos. Cat es una chica, y me parece muy guapa: extremadamente delgada y sin curvas reside en ella la belleza mortecina de aquellas chicas que no creen en si mismas. Sí, Cat es muy años 90, uno de esos espectáculos bellos y lamentables que pasean sus flácidas y escasas carnes por cada club nocturno, enfundadas en medias negras y camisetas de PLACEBO. Su pelo, sí, observemos su pelo: es artificialmente negro y brillante, con un flequillo perfectamente cortado que remata su media melena por debajo de las orejas. Ah, es una imagen del papel couché, con su sombra de ojos color negro cobalto; a juego con su personalidad. Cat, todo un bello cliché que llama mi atención de forzoso extraño. Sí, eso es. Ella, su ropa ajustada, sus zapatillas negras con cordoneras rojas, sus medias también negras ajustadas y sin reflejos, decoradas, también, con unas largas calcetas a rayas blancas y rojas por debajo de la rodilla. Sí, sí, sí. Luego me encuentro con su pequeña falda de color gris junto con su cinturón, lleno de motivos metálicos y finalmente su camiseta, que no es de PLACEBO pero que perfectamente podría haber sido.
Cat, que lástima que no te conozca de absolutamente nada. Me flipa tu inmenso esfuerzo por llamar la atención. Es adictivo.

6.26.2010


- Repíteme porqué estamos aquí.

- Estamos aquí porque todo ha salido mal. Estamos aquí porque no podemos conspirar contra los acontecimientos, no podemos luchar contra la realidad, no, porque, hagamos lo que hagamos, no estábamos destinados a ganar. Por eso estamos aquí.

6.25.2010


Julio se giró y nos miró; no dijo absolutamente nada. Simplemente se quedó mirándonos, con esa extraña actitud de las que a veces hacía gala y que consistía en parecer que va a decir algo para, finalmente, no decir nada. Era una actitud bastante extraña y que producía en quien la sufría el desasosiego de la espera, la tensión del no saber si aquel inexpresivo pero violento rostro iba a reaccionar de forma amigable y, además, te hacía repasar una a una las cosas que te dirías a ti mismo si tú fueras él. Te obligaba a ponerte en su lugar y a sentirte idiota y a darte cuenta de todos tus malditos errores. Los errores que le hacen mancharse las manos. Los errores que luego tiene que solucionar él.

Nunca se nos ocurriría llamar a Julio para una tontería, tampoco para ir a tomar una cerveza o para contarle un chiste. Todos los conocíamos a Julio sabíamos que no era un tipo al que le gustasen ese tipo de cosas, ni de broma. Sólo lo llamábamos cuando no había otro remedio, cuando la cosa se nos había ido tanto de las manos de las manos que no teníamos otro remedio. Y, lo puedo jurar, no es nada agradable el momento en el que te percatas de que no tienes ninguna otra salida que no sea llamar a Julio. Joder. Así que lo llamas, levantas el teléfono y marcas su número, y esperas que no esté al mismo tiempo que te repites una y otra vez que lo necesitas.


Julio es puntual, teniendo en cuenta que siempre lo llamamos con urgencia suele tardar muy poco en llegar a la escena. Siempre te dice un tiempo aproximado y acierta, siempre tarda lo que él cree que va a tardar. Es un tío metódico, de eso no cabe duda. Entonces, en el tiempo que él mismo estima, aparece en el lugar y cuando aparece las cosas cambian. Ver a un tío de metro noventa con traje de chaqueta blanco, completamente calvo y gafas de sol salir de un utilitario de color negro no es algo que no cambie las cosas ¿sabes? Y es que siempre viste así. Da igual que llames a las tres de la mañana de un lunes a las doce de un domingo, él siempre va a aparecer con el maldito traje blanco; con su uniforme. Parece un soldado, a su manera.
Después de llegar y ni saludarnos se acerca al problema. Lo mira de arriba abajo, se toma su tiempo y vuelve a pensárselo. Se nota que para él esto es más una cuestión de método que otra cosa. Es de agradecer que vuelva el orden al caos, aunque venga con ésta pinta.

6.22.2010


Vivir en base a lo que uno cree es siempre un acto arriesgado, una autentica prueba de fe. La única y autentica prueba de que estás dispuesto a ser menos para sentirte, durante poco tiempo, como algo más. Sin embargo, vivir inmerso en lo que uno no cree es simplemente un acto de ingeniería de política social, una forma de sobrevivir y aceptar las reglas. Sean éstas cuales sean.

Es, para mi, complicado establecer si deseo vivir siempre dentro de todos los valores en los que sinceramente no creo y sobre los que me he criado, sobre todo cuando observo mi auténtica actitud respecto a ciertas cosas y me doy cuenta de que tal vez me esté engañando a mi mismo. No soy mejor, ni actúo de una mejor manera que el resto ante las injusticias sociales, yo también aparto la mirada y si me centro en algo me cuestiono la realidad de las situación y si yo, realmente, tengo algo que ver o que hacer. Es un tema complejo, supongo. Aunque las contradicciones personales son bastante evidentes.

En lo que a política se refiere me pasa más o menos igual. Tengo bastante claro lo que sé, lo que creo y lo que no. Sin embargo en mi cabeza intenta imperar el estado del sentido común, y es ahí cuando las cosas fallan. La política se basa en un razonamiento básicamente vital, que regula la vida diaria con el fin de mejorar al medio-largo plazo. La política intenta construir sobre los cimientos de una teoría vital, más allá de cualquier apreciación simplemente teórica la política intenta establecer una realidad que sustituya y mejore la que ya disfrutamos. Y ahí todo vuelve a fallar, al menos para mi. Me lo creo y no me lo creo, aunque tengo bastante más claro lo que no me creo.


Así que creo que no tengo una fácil solución. Vivo, desde hace años, dentro de una contradicción constante entre lo que quiero y lo que no quiero, lo que estoy dispuesto a aceptar y lo que no pero, sin embargo, no veo la forma de alcanzar un equilibrio; sólo observo la posibilidad de romper definitivamente con todo. Pero, como he dicho al principio, vivir en base a lo que uno cree es aceptar la posibilidad de ser mucho menos y no sé si me quiero permitir ese lujo, aunque sienta el deseo diario de hacerlo, y no por ninguna razón especial. Simplemente soy presa del miedo, y pocas cosas son tan respetables como el miedo. Bueno, tal vez la ambición.

8.21.2009



Hijo del caos

La nueva película de Lars Von trier parece el estudio de un miedo cotidiano, de uno de esos que llevados al extremo se revela como primario y terrible. Es, también, una película que tiene el caos como regla formal. Es el propio director el que nos avisa a través de un zorro que "el caos reina"; una advertencia muy cierta. Es viejo zorro, el amigo Lars. Y lo sabe.

La película pretende generar inquietud a través de ciertos elementos normales y rurales, llevando al espectador desde la tranquilidad de imágenes en cámara lenta y música clásica a nerviosas secuencias con caóticos y enfermizos movimiento de la cámara. Es aquí en donde Von Trier crea el discurso de la película, pues todos elementos contados con trípode y cámara lenta reflejan momentos más terribles y dolorosos que los del resto de la película, que no pasan si no por ser la muestra de un abanico de imágenes y elementos inquietantes, pornográficos, angustiosos y, en cierto modo, depravados. Pero que, en el fondo, son mucho más inofensivos e inverosímiles.

La sensacional actuación de Charlotte Gainsbourg llena toda la película, hasta el punto de llegar a la conclusión de que sin una actriz como ella esta película hubiera sido casi imposible. No puedo decir lo mismo de Dafoe que me resulto creíble pero un tanto acartonado. Si bien es cierto que su papel de hombre racional y de gran seguridad en si mismo bien exige una actuación calmada, no es menos cierto que a veces resulta excesivamente pausado.

Von Trier cuenta la historia de un matrimonio que tiene que enfrentarse a la perdida de un hijo a través de un extraño y desgraciado accidente y de como el marido, Willem Dafoe, psicólogo de profesión, intenta ayudar a su esposa, que yace profundamente deprimida en un terrible luto que parece tragarla sin compasión. Ambos inician una terapia en una cabaña en el bosque, un lugar apartado y tranquilo que parece asustar a la mujer.

Esta es la premisa para una película de horror psicológico en donde los elementos visuales, sexuales, la carga emotiva desbordante de situaciones extrañas y, sobre todo, el sonido, crean una atmósferas de inseguridad y confuso horror durante toda la cinta. Von Trier no se agazapa tras clichés y muestra una película audaz y que pretende molestar y escandalizar al espectador. Un espectador curtido en mi batallas, muchas veces. Por lo que puede fallar en su intento. Es, sin embargo, la evolución de la historia y de como nosotros, los espectadores, nos dejamos llevar a través de lo que parece una colección de imágenes perturbadoras hacia una trama sorprendente que nos da a entender el carácter terrorífico de todo lo que vemos.

En resumen y sin salir al trapo de críticas de plumas mucho más prestigiosas que la de un servidor no puedo hacer otra cosa que no sea recomendar su visionado y su posterior reflexión. Porque si el caos reina en el bosque es porque la naturaleza reina en él y es la naturaleza la mayor representación del caos. De ese caos que los hombres pretenden canalizar y controlar.

Es Lars Von Trier heredero de ese caos.

8.16.2009




Voy a ser muy atrevido y voy a decir lo siguiente: Hacer una película buena de "el castigador" es muy fácil. (Así que dadme un contrato para hacer una...)

Vale, vale, vale...¿Cómo me atrevo yo a decir semejante cosa? ¡Si yo no soy nadie! Pues vale, no soy nadie. Pero me voy a explicar.

Punisher, Daredevil, Batman...son todos personajes muy similares. Con sus particularidades, son personajes muy oscuros, muy humanos y muy "sobre humanos" pero lo que no son, con la excepción de Daredevil, es super humanos. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que si no tienes historia céntrate en el personaje. Hubo un intento de eso en Daredevil pero el tono era tan incorrecto durante toda la película que el resultado fue extremadamente lamentable. Con el castigador pasa lo mismo, se olvidan del personaje, parece que no, que lo tienen en cuenta, pero se olvidan de él. ¿Donde están las reflexiones que Frank Castle hace constantemente en el cómic? Yo soy uno de esos que dicen que las películas basadas en cómics tienen que ser personales y con un lenguaje propio, pero no deben olvidar al personaje. Eso paso con algunas entregas de Batman y todo sabemos el resultado. Frank Castle medita lo que hace, no simplemente lo hace.

Vale, ¿qué diantres tiene todo esto que ver con Punisher: War Zone? Pues todo, y nada a la vez.

Punisher: War zone, es una película odiada por la mayoría y que tiene tintes de convertirse en una de esas películas que tras ir muy mal en taquilla y considerarse de "mala calidad" terminan siendo de culto. Es más, no me cabe duda de que va a terminar siendo de esas.
Con un presupuesto de 40 millones de dolares apenas recaudó 8 en la taquilla de USA y 10 en el resto del mundo. En España ni se llegó a estrenar, ha salido directamente en DVD; ahí tienes todos los ingredientes necesarios de lo que hablaba antes. Esta segunda entrega, en realidad tercera entrega (o intento), de "el castigador" supone una reinvención de la faceta cinematográfica del personaje y creo que es, entre ustedes y yo, para mi y le pese a quien le pese, la más cercana al espíritu (más o menos...) original del personaje cómic. Desde el primer momento del film captas que es un festival gore que no va a tener ni pies ni cabeza, si eso lo pillas desde el momento 1 es fácil disfrutar del film. Te relajas y no esperas nada más, sólo estás sentado y viendo: bang, bang, piun, sangre, sangre, cerebro, piun, piun!.


No voy a entrar a valorar esta película desde un punto de vista de "esto me parece bien", "esto me parece mal". Simplemente diré que es un divertimento extremo y esperpéntico que a ratos parece estar a la altura de un personaje que aún nadie se ha molestado en desarrollar para el cine. Simplemente crean un calavera, la ponen en una camiseta negra y a un tío con el pelo negro peinado para atrás pegando tiros; todo un alarde de esfuerzos adaptativos. Es el castigador, Frank Castle, un personaje que siempre termina absorbido, en el cine, por el mundo que le rodea, un mundo violento, oscuro, confuso y lleno de escenas de acción sin mucho sentido. Los pequeños atisbos de humanidad y conciencia del personaje quedan rápidamente tapados por este mundo, histriónico, simple y salvaje que lo inunda todo.

Y ojo, que con humanidad no hablo de moñadas a tutiplen estilo la peli de Travolta...

Así que bueno... ¿si disfruté del film? Pues sí. Cuando uno se pega un atracón de nada y es consciente desde el primer instante, la nada puede resultar satisfactoria.

Saludos.

7.13.2009



La última casa a la izquierda

Hollywood es el gran mercado de la fotocopia, es bien conocido el gusto de la gran factoría de los sueños (y pesadillas) por rehacer, no siempre con fortuna, obras antiguas, clásicos de diferentes géneros y obras extranjeras que por su temática y genero encajan perfectamente dentro de lo que Hollywood cree que puede ser un éxito. Un éxito siempre pasado por su filtro, aquel edulcorante y canónico que no es siempre de lo más beneficioso.

Bajo esta premisa entramos en la penumbra de una sala de cine, de ese oscuro y mágico lugar (para algunos románticos como yo) con el fin de visionar “La última casa a la izquierda”, remake de la primera película del conocido Wes Craven. Si la poca esperanza que ya de por si producen las películas medias que se estrenan en verano, la circunstancia de que esta sea un remake de una película de los 70, y de estas características, en época estival no siempre aparenta como el mejor plan posible; en este caso sí que lo es.

“La última casa a la izquierda” es un ejercicio de horror extremo de sorprendente calidad, por su sencillez, capacidad para crear una tensión eléctrica durante toda la cinta y, sobre todo, por el logro de mostrar a unos personajes, malvados y primarios, que llegan a resultar totalmente verosímiles dentro de su contexto y que pone en el brete al espectador de no tener excusas para no entrar en el juego que la película propone, por muy terrible que este pueda parecer. Estoy convencido que los fans del genero de terror/horror (e incluso algo de gore) han disfrutado como enanos con esta película, tanto como lo han hecho los amantes del cine bien contado y los sádicos silenciosos que tuvieron erecciones y salivaron en secreto y con vergüenza, a la par que con placer, durante el visionado de determinadas escenas.

El ritmo de la película es muy rápido, ralentizado en las escenas de acción para crear un tono desesperante y una tensión que juega a favor de la película constantemente. Los personajes se presentan rápidamente durante los primeros minutos y todos los roles quedan cubiertos y justiciados, cosa que es de agradecer pues si en algo adolece este tipo de cine es por sacarse de la manga, cuando conviene, personajes y situaciones con el fin de buscar un giro que sorprenda al espectador, consiguiendo justamente la contrario. “La última casa a la izquierda” va directa al grano, avanza continuamente, nunca mira atrás y no busca complicadas sub-tramas para explicar el comportamiento de sus personajes. Es una película tan directa y primaria como sencilla y brillante en su ejecución. Una cinta de horror extremo y de calidad, que huye de estilismos y muestra la crudeza y el ritmo como único camino.

Así que si quieres pasar un buen mal rato en el cine yo de ti no lo dudaría, esta es una de esas películas perfectas para eso.

6.30.2009

El Domingo por la noche disfrute de una noche al fresco viendo la primera película de un realizador murciano. La obra en cuestión lleva por título "El dildo sagrado". Se rata de una comedía bizarra sobre un director de películas porno que intenta rodar una película "normal" con un extraño elenco de colaboradores. Hasta ahí todo bien; nada fuera de lo común. Sin embargo, y de ahí viene la razón por la que estoy escribiendo esta entrada en el blog, la película está rodada sin medios de ningún tipo. Ni una cámara decente (esta rodada con una cámara Sony de las que puedes comprar en Saturn), no tiene iluminación, ni dirección de fotografía...en fin, como su propio autor, Joaquín Regadera, admite en algún que otro foro la película es "un desastre técnico" y, la verdad, hasta ahí tampoco pasa nada. A mi no me parece mal que las películas sean técnicamente desastrosas. Algunas se benefician de eso y todo, así que bien. El problema, el autentico problema, es que la estructura, la narración, las tramas, los personajes...en resumen: lo que hace que una pelicula funcione. Pues eso, eso tampoco es que estén especialmente bien. Los personajes aparecen y no sabes muy bien porqué, y las tramas no están bien resueltas, la última parte de la película es un lío total y, de hecho, no entendí muy bien el rollo de rebeldía entre el cura y su ¿hermano?. Lo que quiero decir con esto es que puedes hacer una peli con dos duros o con cero duros y no pasa nada, muchas pelis de grandes realizadores se hicieron casi sin presupuesto y fueron bien, el problema es cuando haces una peli sin presupuesto y con un guión que no está currado, eso ya me parece peor. Lo mínimo que se puede esperar de un autor que pretende escribir y dirigir (y producir) un largo (su largo) - en el tema de cortos la cosa ya cambia un poco - es que su historia sea, al menos, consistente. En este caso no lo es, y es mi opinión claro. En definitiva, Dios bendiga el amateurismo arrojado, suicida y energético, todo el respeto para eso. Pero con historia, personajes, tramas, situaciones, motivaciones y objetivos. Si te olvidas del guión te olvidas de la película. Aunque ruedes en super 35mm.

Una mención a parte para los actores que, en mi opinión, estaban bastante bien en general.