7.17.2008
Hace poco me comentaron que no tenemos memoria del dolor ni del sufrimiento físico. Que somos capaces de rabiar de dolor durante días y semanas después no recordar la sensación, solo recordar el mal trago como un acontecimiento desgraciado; pero no la sensación. Somos capaces de recordar un olor, un sabor y la sesanción del tacto sobre la yema de nuestros dedos pero no somos capaces de recordar como y de que forma nos dolía lo que fuera que nos doliese. Nuestro cerebro nos protege de eso, como forma de supervivencia; supongo. Pero sí somos capaces de recordar el dolor psicológico, porque se marca a fuego en algún lugar de nuestra cabeza. Un grito, un llanto, una decepción, un desamor. Todo eso puede pasar desapercibido o puede clavarse como un trauma en lo más profundo de nuestra psique, como un clavo ensartado en el alma.
Es curioso, puedo recordar con precisión el dolor que sentí al perder a mi primer amor y no soy capaz de recordar la migraña más fuerte que he tenido. Sé que ocurrió, sé que sentí pero no sé como fue. No puedo replicarlo, no me deja.
7.15.2008
Casi honesto, solo casi.
Siempre repito la misma secuencia, y ese es el problema. El miedo a no ser realmente normal y el asco a la normalidad. La sociedad no te educa para que dejes de ser como ella considera que debes de ser y, si finalmente lo eres, solo te dejará que te des de bruces con la realidad. Así funciona esto y la charla gratuita sobre anarquismo y anti-liberalismo es siempre la misma.
Nadie gana, todos pierden.
Herido
7.14.2008
1.01.2007
12.22.2006
11.30.2006
11.26.2006
Mozart sonaba en el pequeño auricular de color blanco que colgaba sobre su oreja derecha, su mirada fija y a la vez perdida bailaba dentro de ensoñaciones mientras observaba la danza entrópica del humo saliente del cañon de su 9 milímetros. Su brazo aún continuaba erguido, el peso del arma estaba empezando a hacerse doloroso de sostener pero Mozart merecía el éxtasis pasmoso que le atrapaba.
- ¿Lo escuchas?. Deberías escucharlo, solo reyes y grandes de la historia murieron con esta banda sonora de fondo. Tal vez tú no la merezcas, pero hasta una rata de alcantarilla merece un momento de grandeza. No te va a recordar nadie, la indulgencia que le ofrezco a tu cadáver es solo una prueba de la pena que me produces. Pero así es la vida: unos ganan y otros pierden. Siéntenle satisfecho, aún habiendo perdido, pues al menos lo has hecho con Mozart decorando el ambiente.